“Las travesuras del diputado bombero”

Este artículo “extraordinario” en derechanueva.com, nace como respuesta a las declaraciones del diputado por Arena, Johnny Wright, brindadas al periódico digital El Faro. El periodista de este medio, Ricardo Vaquerano, publicó, el día viernes 09 de octubre a las 17:05, el tuit que textualmente dice: “Un diputado valiente. Johnny Wright: “La población LGTBI tiene igual derecho al matrimonio que la heterosexual”. Este tuit, me hizo buscar el enlace de la entrevista y la leí detenidamente, tres veces. De su lectura y análisis, obtuve una serie de conclusiones que me hicieron colocar dos tuits: el primero, el mismo viernes a las 17:42, que decía “@_ElFaro_ ¡Diputado se declara anti vida! Y un segundo tuit, posteado el mismo Viernes a las 17:43, “@_ElFaro_ @Excentrum @JohnnyWSol @ARENAOFICIAL ¡Diputado contra los valores de las Iglesias católica y protestantes!!”. Esta interacción en Twitter del Viernes por la noche, inició una amplia discusión en pro y en contra de la entrevista del diputado; asumiendo el compromiso por nuestra parte, de brindar a través de este blog nuestra postura, sustentación y argumentos sobre tan controversiales temas. ¡Manos a la obra! En honor a nuestro compromiso en derechanueva.com, aquí nuestros razonamientos.

Quiero, en primer lugar, expresar que los tuits, como lo pueden confirmar en su texto directo, se dirigen al “diputado” Johnny Wright; a la función pública que ostenta esa persona y no al personaje en particular; porque el diputado tiene en sus manos la posibilidad de legislar, es decir, promover y ejecutar reformas legales, y de sobremanera, importantes reformas a la Constitución de la República. Con toda la propiedad del mundo, puedo señalar que ese privilegio y responsabilidad la tuve durante 9 años de mi vida; conozco lo que ello representa y conlleva. No debe de verse esto como algo personal. Es más, el diputado me cae bien, por lo inquieto y audaz de su incursión en la política. Es mucho más articulado que otros dos nefastos personajes, los que encabezaban la “fallida planilla” única para elegir al COENA.

Comenzaré por argumentar lo planteado por el diputado Wright sobre los matrimonios entre personas de las comunidades LGBTI (término con el que se engloba a las personas lesbianas, gay, bisexuales, trans e intersexuales). El Faro le preguntó directamente: – ¿Usted cree que las personas de la comunidad LGBTI tienen los mismos derechos civiles que la población heterosexual, como el derecho a contraer matrimonio? El diputado respondió: “Sí, así de claro. Siguiendo con la entrevista, más adelante el diputado Wright apuntaló: –“Hoy por hoy, realmente desconozco si existe un expediente para promover ese tema, pero si llegara a darse, yo creo en la igualdad de derechos, entre esos el derecho al matrimonio de todas las personas”. En honor a la verdad y al debate serio y racional que siempre debe de existir en el país, invito a los lectores a leer y verificar las declaraciones íntegras publicadas por El Faro, para que no se vaya a aducir posteriormente que hemos sacado frases fuera de contexto.

Es necesario, para hablar de este tema, decir, en primer lugar, cuál es la postura nuestra como individuo de cara a esta realidad humana y responder tajantemente a lo que pensamos sobre estas personas LGBTI. ¿Qué significan ellos para nosotros como seres humanos? Mi respuesta queda aquí para la constancia del país: todas las personas son, en primer lugar, “seres humanos”. Merecen todo el respeto, cariño y solidaridad, como cualquiera. Ya está de harto comprobado, que las preferencias sexuales no las define, fundamentalmente, el ambiente y las circunstancias; son características genéticas, las cuales se traen consigo desde el momento de la concepción, donde los genes del espermatozoide se une a los genes del óvulo. Por ello, esas personas erróneamente catalogadas como “distintas”, son así. Ninguna familia está exenta a tener en su seno a una o varias personas con esas características, las cuales son tan normales como el ser rubio, moreno, ojos verdes, alto, o cualquier otra más sutil, como alegre, reflexivo, inquieto o serio. Muchas veces, por eso de los estereotipos y contaminaciones humanas, me hice la siguiente pregunta: ¿Qué sucedería si un hijo o una hija mía naciese así? Con toda la valentía del mundo confieso que mi respuesta de ahora, no sería la misma que hubiese brindado en mi juventud, en la cual no faltó la acción hiriente o la acción discriminatoria contra algún compañero de grado o de colegio, o un amigo de la familia que presentaba esas “características”. Ahora, con la madurez y el crecimiento que todo ser humano debe de tener en la vida, puedo responder que, si uno de mis dos hijos o de mis dos hijas fuesen así, los amaría del mismo modo, los trataría con la absoluta normalidad y los aconsejaría con el mismo marco de valores y principios en el que creo y he creído siempre. Tengo familiares, amigos gays, y amigas lesbianas; los respeto y los quiero igual que a los demás, y sus preferencias sexuales no me impiden, en lo absoluto, tener una relación de cariño y respeto hacia ellos.

He trabajado, como legislador y como magistrado del Tribunal Supremo Electoral, para que esas personas no sean discriminadas, para que puedan desarrollar sus derechos, y para permitirles una participación democrática igualitaria. Eso le consta a las asociaciones con las que he trabajado el tema, llegando al grado de recibir reconocimientos por nuestras acciones; de todo hay constancia. Por lo tanto, quiero explicar el porqué de mi oposición a los matrimonios entre personas que se catalogan como LGTBTI. Lo haré desde tres aspectos: el jurídico, el moral y el social.

ASPECTOS JURIDICOS

La Constitución de la República reconoce diferentes tipos de derechos. En primer lugar, están los “Derechos Individuales” enumerados y desarrollados textualmente del Art. 2 al Art. 31 de la Constitución. En ellos se establecen esos derechos a los cuales, como seres individuales tenemos. El derecho a vivir, a la integridad física y moral, a la libertad, a la seguridad, al trabajo, a la propiedad, al honor, a la intimidad personal y familiar, a la imagen propia, y al derecho de igualdad ante la ley. Es fundamental este derecho de igualdad “ante la ley”, para entender el contexto jurídico que explicamos. Las personas LGBTI, tienen todos esos derechos allí consagrados, al igual que todos nosotros.

Luego, del Art. 32 al Art. 70, la Constitución de la República enumera y establece los “Derechos Sociales”. Los subdivide, estos derechos sociales, en cuatro grandes secciones o grupos: derechos “a” y “de” La Familia (Art.32 al Art. 36); es aquí, en esta parte, donde no existe el derecho para que las personas LGBTI puedan contraer matrimonio; derechos al Trabajo y a la Seguridad Social (Art. 37 al Art. 52); derechos que deben gozar, también, por igual todas las personas LGBTI. Seguidamente, viene la tercera categoría de derechos sociales (Art.53 al Art.64) que son los derechos a la Educación, a la Ciencia y a la Cultura. De sobra está señalar que, a todo este grupo de derechos, tienen igual acceso las personas LGBTI. Finalizando con los comprendidos en la cuarta sección, a la que las personas LGBTI tienen igualdad de derechos, están los derechos a contar con Salud Pública y a la Asistencia Social. (Art. 65 al Art. 70).

En materia de derechos constitucionales, siguen los “Derechos Políticos”; que además nos asigna deberes, también, a todos los salvadoreños. Entendiendo de una vez por todas, que las personas LGBTI tienen acceso a todo esto (Art. 71 al Art. 82). Lo que he descrito, brevemente, es el “sistema de derechos existente en la República de El Salvador”.

El asunto en cuestión es: ¿Qué entendemos por familia? El sistema jurídico salvadoreño lo entiende con claridad: es la unión formal y legal entre un varón y una mujer (Art 33 de la Cn) cuyo fundamento legal es el matrimonio (Art. 32) en donde establece que “La familia es la base fundamental de la sociedad y tendrá la protección del Estado, quien dictará la legislación necesaria y creará los organismos y servicios apropiados para su integración, bienestar y desarrollo social, cultural y económico”. Pero todo el meollo fundamental del asunto, está en la parte inicial del artículo 33 de la Constitución de la República, el que dice textualmente: “La ley regulará las relaciones personales y patrimoniales de los cónyuges entre sí y entre ellos y sus hijos estableciendo los derechos y deberes recíprocos sobre bases equitativas; y creará las instituciones necesarias para garantizar su aplicabilidad. Regulará así mismo las relaciones familiares resultantes de la unión estable de un varón y una mujer. Nuestra Constitución es clara, contundente y directamente determinante en el sentido de señalar sobre quiénes son los capaces, jurídicamente, para contraer matrimonio; concluyendo que es exclusivo para “un varón y una mujer”.

El concepto constitucional de “familia” en la juridicidad salvadoreña, extiende la institución, no solo a la relación entre los cónyuges varón-mujer, sino que ensancha el término de familia al otro actor fundamental del concepto de familia- a “los hijos”. Por eso es que el estado, jurídicamente hablando, concibe la trilogía de actores: Varón, mujer e hijos como la base fundamental de la sociedad. Quiero entonces, corregir al diputado Johnny Wright, que dijo en la entrevista de El Faro textualmente: “yo creo en la igualdad de derechos, entre esos el derecho al matrimonio de todas las personas”. Johnny, no todas las personas tienen el derecho absoluto de contraer matrimonio con cualquier persona. Te lo pongo de esta manera: una persona puede contraer matrimonio legalmente en El Salvador, únicamente con una persona del sexo opuesto. Esto, lo hace la Constitución en prevención del posible fruto de esa unión legal y de sus derechos, el de los hijos. Lo anterior, en cuanto a la parte jurídica. Paso a la siguiente cuestión: el plano moral.

ASPECTOS MORALES

Johnny, quiero resaltar tus argumentos en la entrevista de El Faro, donde mezclaste, confusamente, el tema de la separación del Estado con la religión. Señalaste, ante la pregunta concreta de la periodista de El Faro- “En el 2004 y 2005 durante mayo se cargó una imagen de la Virgen de Fátima en la Asamblea Legislativa. ¿Qué plantearía usted si propusieran eso nuevamente? Respondiste: – “Aquí hay libertad de religión y creo que cualquier diputado puede participar en cualquier evento religioso que sea de su gusto.” Respuesta correctísima, Johnny. Te felicito por ella; pero luego te comenzaste a perder ante la siguiente pregunta de la periodista: – ¿Pero sucedió en sesión plenaria y fueron diputados quienes cargaron…? Respondiste, Johnny, de esta manera: –“Ah bueno. Es decisión de cada quién. Si eso se diese yo lo respetaría, pero no sé si participaría activamente, y no por ir contra de la Virgen, sino por respeto al estado laico y a las diferentes religiones.” Aquí es donde comenzaste a trastabillar. La periodista siguió desnudando tu ideario y te increpó así: – “También está en los estatutos de Arena que el patrono y guía espiritual es el Divino Salvador del Mundo…” Aquí te desnudaste, Johnny. Esta fue tu respuesta: – “Entonces hay conflicto, ¿Y entonces qué somos? ¿Somos un partido demócrata cristiano o somos un partido…? ¿Me explico? Ese es el reto que tiene Arena de redefinirse, de restaurar valores antiguos. Pero, precisamente, quienes deben impulsar y deben tomar la batuta en estos temas somos los jóvenes.” Te perdiste totalmente, Johnny. Hoy ya no me dirijo al diputado, sino al arenero.

En nuestro país, existe una separación entre el Estado y la religión, pero es una separación afectuosa. Te explico, Johnny: – El Art. 26 de la Constitución, reconoce la personalidad jurídica de la Iglesia católica y señala que las demás iglesias pueden obtener igual estatus, previo trámite de ley. Reconociendo en su Art. 25, la garantía para el libre ejercicio de todas las religiones; sin más límite, que el trazado por la moral y el orden público.    No veo cómo se faltó el respeto; porque tú dices que lo pensarías, lo de cargar a la Virgen en la plenaria, “por respeto al estado laico, a las otras religiones”. Tan grande es tu confusión, que no sabes distinguir los actos de fe con los actos de cortesía. No se transgrede “tu Estado Laico” por cargar a la Virgen en una plenaria, ni se le falta el respeto a las otras religiones. Sabes, Johnny, que en unión con las iglesias cristianas del país, impulsamos, y lamentablemente no conseguimos, que se leyera la biblia en todas las escuelas e instituciones educativas. No le vendría nada mal al país, que las palabras y premisas morales de la Iglesia Católica, de las Iglesias Evangélicas, de los budistas, del mismo Corán en sus preceptos valóricos y humanos, fuesen difundidas obligatoriamente en todas las escuelas. Con eso no se rompería, ni se faltaría el respeto a “tu Estado Laico”, ni a ninguna religión. ¿Johnny, reconocer al Divino Salvador del Mundo como patrono y guía espiritual de Arena, te genera dudas de lo que eres? Te hace preguntarte: ¿en Arena, qué somos? Menuda confusión la que tienes. El tener como guía espiritual al Divino Salvador del Mundo, constituyó uno de los principios más sólidos con los que hicieron y fundaron a Arena. Existe un criterio moral, que se denomina “escala de valores”. Es a través de ella, que cada ser humano ordena su vida. En la “escala de valores” del colectivo que iniciamos Arena, consideramos que la existencia de Dios y la obligación de amarlo y obedecerlo, era lo primero en esa “escala de valores areneros”. Más del 90% de los salvadoreños, Johnny, somos cristianos. Me preocupa que quieras “restaurar esos valores antiguos”, tal y como lo señalas en tu entrevista, porque no sé que quieres colocar primero. ¿Será el interés económico?

Te voy a citar un ejemplo de vida, mío y real: soy Católico. Me casé por primera vez a la edad de 24 años; era muy joven. Muchos que sí vivimos en el país en esos 1980’s, no sabíamos si íbamos a amanecer o no, así que nos tomábamos la vida con cierta prisa. De ese matrimonio juvenil, nació mi primer hijo, Carlos José, en 1988 (el país en plena guerra). Por cosas de la vida, a pesar de ser muy apegado con las cosas de mi Iglesia, no realizamos el rito religioso. Me divorcié dos años después. En 1994, volví a contraer nupcias; esta vez celebrando el matrimonio civil y religioso. De esa vida en familia de casi 15 años, nacieron mis otros tres hijos: María José, Luciana María y Sebastián. En el año 2010, me divorcié. Me casé nuevamente, al final del 2012.

Como lo sabrás, mi Iglesia no permite comulgar a quienes casados por sus sagrados ritos, nos divorciamos y volvemos a casarnos. En defensa, y como un punto de contención para la institución de la familia, la Iglesia Católica no nos permite comulgar, y como me he vuelto a casar, no me es posible hacerlo. ¿Ves cómo he sido respetuoso de los procedimientos de ley? Quiero decirte cómo he logrado ser respetuoso, también, de los preceptos religiosos y principios en los que creo. Yo no puedo recibir la eucaristía, porque hice un juramento ante Dios cuando me casé por la iglesia. No comulgo, porque creo que así debe de ser, porque creo en los preceptos y valores de mi Iglesia; la que gracias a Dios, ha pedido a sus obispos y curas, permitirnos, a los divorciados, “vivir nuestra Iglesia”, porque recién ha comenzado a valorizar las diferentes situaciones que pueden afectar a los hijos en un hogar donde falta el amor y el afecto entre los padres. Hace la Iglesia este avance en protección de los hijos, pero sin dejar a un lado los principios y valores que sustenta nuestras creencias, los valores que sustentan al matrimonio.

Sé que estas cosas, Johnny, son cuestiones de fe, de valores y de principios. Nadie me obliga a través de ningún decreto a no comulgar, lo hago por un respeto a los valores y preceptos de mi Iglesia. Es así como sigo la lógica de ella, que se opone a los matrimonios entre personas del mismo sexo, porque tal posición, desde la visión del espíritu, se constituye en un dique moral, al igual que el concepto que defiende nuestra Constitución de la República. Ambas situaciones en cuanto al matrimonio, tanto el Estado como la Iglesia lo hacen en defensa de LA FAMILIA y fundamentalmente de los hijos.

En mi escala de valores, primero es la Ley de Dios, esa que, también como católico, me prohíbe acompañar cualquier atentado contra la vida, llámese éste “aborto y pena de muerte”. Mi escala de valores es fundamental en el orden inicial: “Amarás a Dios por sobre todas las cosas” y “No matarás”. Entenderás, que la respuesta a la pregunta que tú te formulaste sobre si violaran a tus hermanas, es muy distinta a la mía; porque si violaran (Dios no lo permita) a una de mis hijas, muy a diferencia tuya, yo respondo diciendo que no tengo el derecho como padre de ellas, ni ellas como víctimas, de matar a la criatura que fue fruto de ese acto. Es una vida, Johnny, es una persona, el ser humano más indefenso de todo el planeta, es una criatura, un ser de Dios. Por eso señalé en mi tuit: “¡¡Diputado contra los valores de la Iglesia Católica y protestante!!”. Esta es la base y la sustentación moral de mis argumentos. Me preocupa mucho que quieras “restaurar valores antiguos” de Arena con el acompañamiento de nuestra juventud.

ASPECTOS SOCIALES

Socialmente, los colectivos humanos configuran costumbres, usos y formas de convivencia, las que se van transformando evolutivamente y desarrollándose acorde a las necesidades humanas. Es un error, colocar ciertas necesidades humanas en la misma línea de los principios naturales. No es lo mismo que la humanidad comprendiera que la tierra no es el centro del universo, y dejara de conceptualizar como herejía las teorías de Copérnico, con el hecho, de querer recomponer los valores morales y éticos; como “el de no matar” (Johnny dice “restaurar”). Nunca el principio de “no matar” puede ser restaurado o recompuesto. Una persona que se considere LGBTI, tiene todo el derecho a su intimidad personal, a su libertad sexual; es más, nada les impide, tal y como lo vienen haciendo ya en muchas partes, unirse y vivir una vida en pareja con otras personas. En lo personal, nunca estaré de acuerdo en pretender equiparar sus realidades, al concepto Constitucional de la familia y del matrimonio. Por una sencilla razón: luego pedirán el derecho a adoptar niños; pretenderán equipararse, “igualitariamente”, al concepto natural que tenemos de una familia. ¿Quién le pregunta a esa criatura, que sin determinar sus tendencias sexuales, la orientación y visión que desean recibir, si ellos no nacieron con esas características? Hay derechos de terceros, que jurídica, social, moral y éticamente pueden ser vulnerados. Creo, que es un derecho que las personas LGBTI, pidan una institucionalidad que establezca las garantías para ellos en relación a su voluntad de establecer nexos y vínculos privados con otras personas, pero no a través de la vulneración de las instituciones como la de la familia, que hoy por hoy, gozan ampliamente del respaldo mayoritario de la sociedad salvadoreña. Aquí le hablo al diputado Johnny Wright: no mientas al decir que hay derechos, que no existen y están lejos de existir en El Salvador. Entiendo que eres más parte de la sociedad estadounidense, que de la nuestra, pero aquí vivimos y somos salvadoreños, no estadounidenses.

Creo, que la escala de valores correcta, es la que luego continúa desarrollando el código moral natural bajo el concepto de “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Johnny, antes de pensar en reimplantar alguna forma de aborto en El Salvador o de tratar de socavar la institución de “la familia”, base fundamental de la sociedad salvadoreña, te invito a que mejor impulses, para las personas LGBTI, un marco de leyes que sí garanticen la no discriminación, que permitan darles oportunidades de trabajo, educación, salud, seguridad social y todos los derechos a los que tienen que contar como salvadoreños. Te invito a que trabajes, legislando, para que los grandes grupos económicos de este país no discriminen a estas personas; a que estas personas no jueguen a la doble moral, cuando varios de ellos, los pocos dueños de estos grupos, son solapadamente, personas con características similares a las personas LGBTI. Eso, Johnny, es tu trabajo. Como diputado y como magistrado del TSE, lo hice, legislando y permitiendo el ejercicio de sus derechos políticos libremente, sin obstáculos.

Dije en mi tuit, que eras “anti-vida”, porque con la vida se está en favor de ella o en contra de ella. No se puede andar jugando con medias tintas. Todo ser humano tiene el derecho a la vida desde el momento de su concepción hasta el día de su muerte por enfermedad o por la vejez. No hay medias posiciones, se es “pro-vida o se es anti-vida”. Ser pro-vida, y decirlo, no es un acto de deshonestidad, es un acto de valores, de principios, de ética y de moral. Te cuento, por si no lo sabes, ya que has vivido mucho tiempo fuera de El Salvador, que esa posición sólida y congruente de Arena con el humanismo y el cristianismo, es la que ha salvado a Arena de una debacle total. Si de verdad quieres a Arena, Johnny, piensa en lo que te estoy diciendo. No te equivoques conmigo, yo sí quiero a Arena, a quien no quiero es a algunos de sus dirigentes y financistas. No me opongo a ellos como personas, me opongo a lo que representan y a sus intereses económicos y particulares, los que siempre han sobrepuesto al interés del país.

La escala de valores conlleva a “no robar”. Se roba, no solo a través de un funcionario público, lo que es condenable, se roba en el país mucho más por los grandes millonarios del país: cuando evaden los impuestos, cuando dejan de pagarlos; cuando niegan los derechos laborales, cuando ganando millones de millones, niegan compartir un trozo del pastel de sus ganancias con sus empleados. Se roba más por parte de los malos empresarios, que para conseguir una obra o un contrato o servicio, corrompen a un funcionario. Impulsa, Johnny, una ley donde el corrupto tenga su pena severa, pero que a la vez sea más severa para el corruptor. Eso te hará distinto.

Para finalizar, quiero explicarte el porqué del título del artículo “Las travesuras del diputado bombero”. Prefiero creer que lo has hecho como una travesura mediática, con un interés de buscar sobresalir en medio de la jungla política que te rodea, tratando de hacer algo de algún modo distinto. Veo que tienes madera para ese tipo de actividades: ante el incendio del Centro Comercial las Cascadas en Ciudad Merliot, desplegaste un activismo inusual, viste la oportunidad de tu vida en la campaña electoral. Tú solo, te catalogaste el título de “bombero”; es más, en la entrevista que ahora brindaste a El Faro, sobre tu mesa estaba tu antiguo casco y un hacha para derribar obstáculos; tú quieres demostrar que eres un diputado distinto, un “diputado bombero”. Lo malo, es que se te olvidó ir al incendio del Mercado Central, donde la gente más humilde del país se gana la vida. No apareces en los incendios de los tallercitos o comercios sencillos, o en el de los mesones, donde viven y cohabita la pobreza con centenares de personas. Esas travesuras tuyas, Johnny, espero que solo sean travesuras. Que al final de cuentas, te alinees con el derecho a la vida, a la preservación de la familia, con los intereses de los que necesitan más, y con los supremos intereses de nuestro El Salvador.

Así continúo este debate sobre temas tan complejos y sensitivos Johnny, tú lo iniciaste. Ahora jinetea este “macho” y explícanos: ¿Qué quieres tú, que sea Arena? ¿Qué tipo de partido quieres que sea Arena? ¿Cuáles deben de ser las “no contradicciones”? Las ves en el inicio del texto constitucional, el cual comienza diciendo: “Nosotros, representantes del pueblo salvadoreño reunidos en Asamblea Constituyente, puesta nuestra confianza en Dios…”. Fue la confianza en lo más grande, Johnny, la confianza en Dios, la que impulsó la Constitución de la República en 1983; en ese Dios en el que confió Roberto d’Aubuisson Arrieta, cuando fue Presidente de la Asamblea Constituyente; ese mismo Dios en el cual “mi Mayor”, con su puño y letra, escribió y definió que en su acepción de “Divino Salvador del Mundo”, fuese para Arena, su “Líder y Guía Espiritual”. Ese Dios, Johnny, que nos ilumina y está con nosotros día a día. Esperamos tu respuesta.

Acerca de Walter Araujo

Político de derecha. Nació en San Miguel, El Salvador el 21 de Sep. de 1964. Hijo de maestros; formado desde sus estudios básicos en el Instituto Católico de Oriente - Hermanos Maristas de San Miguel. Casado; orgulloso padre de 4 hijos. Miembro de Alianza Republicana Nacionalista desde su fundación hasta el 26 Septiembre del 2013. Candidato a la Alcaldía de San Salvador por GANA (2015), Magistrado Propietario en el Tribunal Supremo Electoral (2009-2014), Presidente del Tribunal Supremo Electoral (2004-2009), Presidente de UNIORE y Presidente del Protocolo de Tikal (2005-2006). Presidente (2001-2002), Vicepresidente (2000-2001, 2002-2003) y Secretario de la Junta Directiva de la Asamblea Legislativa (1994-1997), Presidente de Foro de Presidentes Legislativos del Caribe y C.A. FOPREL (2001-2002). Jefe del Grupo Parlamentario de Arena (1997-2000), Presidente (2001-2002) y Director de Información de Arena (1995-2000), Diputado por 3 períodos legislativos durante (1994-2003), Secretario de la Comisión de Diálogo del Gobierno de El Salvador (1990-1992), Miembro de la Comisión para la Consolidación de la Paz COPAZ (1992-1994) y Miembro de la Juventud Republicana Nacionalista desde su fundación. Estudios Superiores en Jurisprudencia y Ciencias Sociales en Universidad José Matías Delgado. Cursos de Especialización en Derecho en la Universidad de Salamanca, Cursos de Administración y Gerencia Política en el INCAE. Graduado del Official Candidate School OCS en Fort Benning, GA (1982). Graduado del Curso de Guerra Política, Fu Hsing Kang, República de China (1990). Oficial Mayor de la Asamblea Legislativa (1987-1990) y Jefe de Operaciones en el Consejo Central de Elecciones (1985-1987).
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5 respuestas a “Las travesuras del diputado bombero”

  1. Sarai dijo:

    Un diputado que solo velara por LGBTI, cuando el porcentaje de esa población en este país es muy diminuta, y el gran porcentaje de personas perdiendo la vida, desempleado y la enorme pobreza en este país, ¡¡¡ESTA BROMEANDO!!!, yo no quiero a ese señor para presidente, esta bien ellos son seres humanos defiendan sus derechos como seres humanos pero en que rayos les afecta que no se casen, acaso se van a morir, eso solucionara los problemas en el país, hay que tener prioridades en este campo y no se podrá solucionar de la noche a la mañana, los 5 años que les dan no le alcanzaran, ademas su posición como candidado quien no puedo mantenerse en su postura, me hace creer que es una persona nada honesta, un hipocrita y ya me he aburrido de tener ese tipo de presidentes al poder.

    Espero que NAYIB BUYELE se postule para presidente si es que este se pone como contrincante, pues Nayib Bukele sabe como solucionar los problemas con honestidad y también sabe cuales son las prioridades del país. Un empresario exitoso, sabedor del un amplio campo y con valores morales definidos y sin posturas contrarios a lo que dice, me da mas confianza que este señor quien a mi parecer es otro ignorante mas.

  2. Beto Torres dijo:

    Te lo hartaste y lo hicistes picadillo al bombero

  3. Ferbando Zelaya dijo:

    Lo felicito Don Walter veo en usted un político ejemplar. Gracias por querer a El Salvador como yo lo quiero. Seria bueno que su experiencia y conocimiento lo publicara en un libro. Y que siga trabajando por un mejor pais. Sigo leyendo Sus artículos. Saludos

  4. D. Vader dijo:

    Tambien te perdiste: estado laico afectuoso?. No inventes!. Queso duro blandito, sexta decima?.

  5. Hector Reina dijo:

    Es un tema muy complicado, de hecho leí en tus argumentos lo siguiente: ¿Qué significan ellos para nosotros como seres humanos? Mi respuesta queda aquí para la constancia del país: todas las personas son, en primer lugar, “seres humanos”. Merecen todo el respeto, cariño y solidaridad, como cualquiera. Fuente Walter Araujo y su Derecha Nueva… Por cierto, comparto el mismo sentimiento para las personas de la comunidad LGBTI, las cuales son personas extremadamente nobles, humanas, sensibles, entre otras características que los hacen ser únicos… Sin embargo, es importante RECALCAR algunos elementos que hacen muy atractivo tu artículo, y creo sin temor a equivocarme que responden a las inquietudes que tiene el diputado Johnny Wright; uno de ellos y quizá el más importante es: “La familia es la base fundamental de la sociedad y tendrá la protección del Estado, quien dictará la legislación necesaria y creará los organismos y servicios apropiados para su integración, bienestar y desarrollo social, cultural y económico”. ENTIÉNDASE, a la unión formal y legal entre un varón y una mujer (Art 33 de la Cn) cuyo fundamento legal es el matrimonio (Art. 32)… En otro particular, soy fiel creyente que la vida es un regalo que Dios todopoderoso consigno a los seres humanos, como muestra de amor y fidelidad para nosotros los mortales, por tal motivo, por ningún motivo estamos autorizados para quitar la vida a otro ser, que se constituye en una criatura de Dios… En otra palabras, la única persona que puede decidir en que momento debemos dejar esta tierra es Jesús; nuestro Divino Salvador del Mundo, el mismo Dios en el cual creyeron los fundadores de ARENA… Finalmente, hacer hincapié a los valores del REINO, aquellos que nos marcan la pauta en lo que creemos hasta el día de hoy, valores espirituales que no SON NEGOCIABLES, y que se constituyen en la piedra angular de la familia… Con mucho cariño y respeto para cada uno de vosotros… No quiero terminar mis argumentos, sin antes llamar a la reflexión a los diputados(as) de ARENA a interiorizar sus pensamientos, y ponerlos a la luz de la palabra de Dios, la cual se vuelve en nosotros los creyentes en la VERDAD ABSOLUTA en nuestra manera de vivir… Walter Araujo y su Derecha Nueva, aunque tenemos diferencias de forma y no de fondo, te felicito porque me permites sentar mi postura… SI A LA VIDA, SI A LA FAMILIA CONSTITUIDA POR DIOS… Saludos cordiales.

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